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El duelo por el mundo que vivimos

Esta semana me gustaría hacer un alto en el camino para reflexionar acerca del gran duelo colectivo que ahora atravesamos. Mas allá de nuestros duelos personales en los que cada uno de nosotros estamos inmersos, nos encontramos flotando en las aguas pantanosas del nuevo mundo.

Si has leído mis últimos correos, ya sabrás que me gusta pensar en el duelo como una catarsis que contiene la luz del infinito, y en esta ocasión estoy segura de que no va a ser distinto.

Estamos frente a las puertas de una nueva era, nada puede parar al mundo que viene sin apenas dejarnos tiempo de reflexionar y despedirnos del mundo que un día conocimos.

Por eso, hoy quiero invitarte a parar y mirar a tu alrededor (sea cual sea la realidad que estás viviendo).
Observar el contexto pandémico, de restricciones, confinamientos e incertidumbre. Observar que la vida ES y tú fluyes en ella sea cual sea ese contexto.

No sabemos qué mundo va a dejar la covid, no sabemos qué mundo va a dejar el cambio climático ni las políticas extremas pero sí sabemos que estamos aquí y ahora y que es lo único que tenemos.

Mi propuesta para hoy es poner en práctica algo sencillo y profundo a la vez, el mensaje de los grandes maestros: “Aceptar la vida tal cual es”.

Planteando la aceptación no como pasividad ni conformismo sino como el hecho de hacer las paces con la realidad y dejar de luchar constantemente contra lo que no se puede cambiar.

El ejercicio también consiste en profundizar en la idea de aceptación sin malinterpretar el término; ser consciente de que aceptar plenamente la realidad es compatible con intentar hacer de nuestro alrededor un lugar más sano y mejor.
Pero… ¿Cómo se hace? Mi propuesta es que empieces haciendo las paces con este momento preciso. Sea como sea. Pase lo que pase. Si puedes embellecerlo, hazlo, pero desde la paz y en profunda armonía con la realidad presente, que es la vida misma, que es el TODO.

En el libro “La más profunda aceptación” de Jeff Foster dice así:

“El océano no tiene elección, acepta cada ola simplemente porque es cada ola. ¡No tiene más posibilidad que aceptar! El océano no acepta unas olas y rechaza otras; la suya es una aceptación incondicional. Toda ola está aceptada de antemano.
No tienes que lograr esa profunda aceptación; eso ya ha sucedido, lo único que te queda por hacer es darte cuenta, sin esfuerzo, de que ya ha sucedido, en este momento y en cada momento”.

Por eso lo que hoy te sugiero es dejar de vivir desde la lucha para abrazar la vida en plenitud. La que es, la que sea.

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